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jueves, 23 de agosto de 2012

La música de mi vida...

Desde que tengo uso de razón, la música es parte de mi vida. En la infancia me acompañaron los huaynos del Jilguero del Huascarán, la Pallasquinita, la Pastorita Huaracina y otros ídolos de folklore ancashino que mi madre escuchaba y bailaba; tampoco podía faltar el cajamarquino Comunero de los Andes, que mi primo cantaba a viva voz y los trabajadores de mis abuelos escuchaban en su radio a pilas, mientras labraban la tierra. Las cumbias colombianas -como Caballo Viejo- no podían faltar, y esta canción que me provoca cantar: (…) remolinos por qué me enredan / remolinos, dónde me llevan / remolinos, porqué me siguen /si yo quiero mi camino libre…


La época escolar fue todo un descubrimiento de la variedad musical: salsa cubana, colombiana, venezolana y peruana; merengue, baladas, rock and roll, y rock en español. Pero lo más popular era la cumbia peruana, los ídolos eran los Shapis y Chacalón... Recuerdo que mis compañeros de clase comentaban -cada lunes- las fiestas del fin de semana en el campo ferial de Hidrandina, en Chimbote, recuerdo que relataban de los bailes y la presentación de sus ídolos de la época; no faltaban las broncas que sin duda eran parte del show, a mi todo eso me sonaba a historia lejana y a la vez fantástica… En este tiempo, visitar la ciudad -para mí- sólo se podía dar en cada fiesta de San Pedrito o en Navidad.


En el colegio, mis gustos musicales estaban entre la salsa de Joe Arroyo y Rubén Blades y el rock de los Enanitos Verdes, Soda Stereo y los españoles “Hombres G”; justamente mi simpatía por este grupo me llevo a coleccionar todo de ellos. Al respecto, en el colegio tuve un episodio que quiero contar: un diario nacional distribuía un cancionero y yo emocionada lo llevaba al salón de clase para aprender –con mis amigas- las letras de los temas más populares de los españoles… Pero descubrí que tenia una compañera de clase que no me estimada tanto; un día en un arranque suyo y para demostrarme su rechazo destrozó mi cancionero… Me quedé por entonces con las ganas de aprender a cantar: (…) Has sido tú te crees que no te he visto / has sido tú chica-cocodrilo / has sido tú la que me dio el mordisco / has sido tú... has sido tú...


Al dejar el campo para ir a la universidad, mi vida dio un giro de 180 grados; sin embargo, la música me acompañó en esta etapa de acostumbrarme lejos de casa. Por ese tiempo me pegué a la trova, nueva trova o canción de autor: Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Ana Belén y León Gieco, a quienes había escuchado esporádicamente en una radio local. Pero si hay canciones que me llevan de regreso a las aulas y me recuerdan a mi grupo de la universidad son: Torn, de Natalie Imbruglia, y los temas de Shania Twain.

La música clásica también llegó a mi vida en una etapa de búsqueda personal y de iniciarme en el aspecto laboral, también llegó el hombre más importante en mi vida con su mensaje y con música de Mozart, Beethoven, Vivaldi y otros. Cuando mi ángel tuvo que partir me dejó varios discos que aún conservo Heavenly, Eva Cassidy (songbird).

Desde siempre me he tomado el trabajo de encontrar nuevos ritmos, cantautores y música que me llene, fue así como llegaron Luis Eduardo Aute, Víctor Manuel, Pedro Guerra, Ismael Serrano, Liuba María Hevia, Eduardo Gatti, Alejandro Santiago, Olga Román, Camila Moreno y Nano Stern, a mis oídos. También cantautores nacionales como Jorge Millones, Enrique Ortiz, Pedro Novoa, Mirian Quiñones, Caroline Cruz y Miguel Ángel Olivares. Quiero resaltar que a Pedro Guerra me lo presentó mi amiga mexicana Cinthia Rovelo, y esta canción (Dibujos animados) es mi favorita, primero porque fue la primera que escuché, y segundo es que me recuerda a un amor que se fue de un día para otro.


Por estos días que ando con ganas de vivir, de asumir nuevos retos y que tengo un sueño nuevo… con temple para seguir aportando a la construcción de una sociedad más justa y solidaria, la música me acompaña. Escucho desde Manuelcha Prado, el dúo Pata Amarilla, Magaly Solier, Victoria Santa Cruz, Tania Libertad, Julieta Vengas, Calle 13, Susana Baca, Rosario Flores, Lila Downs, Salvador Cardenal, Niche, Siembra y ésta en especial:


y ésta también:

martes, 1 de mayo de 2012

Florecer...


Aquí, con mi sueño nuevo... he escogido sentirme amada y vivir en plenitud… y por eso, quiero compartir  una linda canción del cantautor chileno, Nano Stern, que junto a su hermana Claudia interpretan “Florecer”.


miércoles, 17 de junio de 2009

Como árboles

Mario Benedetti

Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser
míos

después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
si no por una vida al menos por un rato
o por un parpadeo

en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza

hay deseos profundos y nonatos
que prolongué como coordenadas
hay fantasías que me prometi
y desgraciadamente no he cumplido
y otras que me cumplí sin prometérmelas

hay rostros de verdad
que alumbraron mis fábulas
rostros que no vi más pero siguieron
vigilándome desde
la letra en que los puse

hay fantasmas de carne otros de hueso
también hay los de lumbre y corazón
o sea cuerpos en pena almas en júbilo
que vi o toqué o simplemente puse
a secar
a vivir
a gozar
a morirse
pero además está lo qe advertí de lejos

yo también escuché una paloma
que era de otros diluvios
yo tambén destrocé un paraíso
que era de otras infancias
yo también gemí un sueño
que era de otros amores

asi pues
desde este misterioso confín de la existencia
los otros me ampararon como árboles
con nidos o sin nidos
poco importa
no me dieron envidia sino frutos

esos otros están
aqui

sus poemas
son mentiras de a puño
son verdades piadosas

están aqui
rodeándome
juzgandome
con las pobres palabras que les di

hombres que miran tierra y cielo
a través de la niebla
o sin sus anteojos
también a mí me miran
con la pobre mirada que les di

son otros que están fuera de mi reino
claro
pero además
estoy en ellos

a veces tienen lo que nunca tuve
a veces aman lo que quise amar
a veces odian lo que estoy odiando

de pronto me parecen lejanos
tan remotos
que me dan vértigo y melancolía
y los veo minados por un duelo sin llanto
y otras veces en cambio
los presiento tan cerca
que miro por sus ojos
y toco por sus manos
y cuando odian me alegro de su rencor
y cuando aman me arrimo a su alegría

quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
de otros.

martes, 16 de junio de 2009

Colegiala


Hoy estuve visitando los valles de Nepeña y Santa Lacramarca; recorrer estas zonas rurales, ha hecho que los recuerdos lleguen a mi como un alud... la nostalgia se apoderado de mi, sé que es imposible retroceder el tiempo, pero cuanto me gustaría.

Llegué hasta el centro poblado de 14 incas, y claro visité mi colegio Nº 88183 (hoy Institución Educativa), recorrer las aulas; era como revivir cada año y grado que pase por allí; con tantas situaciones y experiencias, confieso que estuve a punto de llorar; una mezcla de sentimientos me invadieron. Estar hoy, en el lugar donde trascurrió 10 años de mi vida fue un regalo.

Hay muchas cosas que compartir de 14 Incas y del valle, por ahora les dejo con La Sarita y su tema Colegiala.

martes, 26 de mayo de 2009

Para tocar el cielo


Hasta poco antes de su muerte, Antonio Vega estuvo trabajando en un disco en directo, que preparaba con una gira de pequeños conciertos en distintos teatros del país y para el que había compuesto dos canciones nuevas.
Nació en Madrid el 16 de diciembre de 1957. Tras abandonar la universidad por la música, en 1978 formó junto a su primo Nacho García Vega, Carlos Brooking y el batería Ñete el grupo Nacha Pop.
Dentro de su primer trabajo se incluía un clásico ya del pop español, la célebre 'Chica de ayer', una composición suya. Ahí comenzó una carrera que se prolongó nueve años, plagada de éxitos y un enorme prestigio, pero pocas ventas. Durante ese tiempo, el conjunto grabó siete álbumes: 'Buena disposición' (1982); 'Más números, otras letras' (1983); 'Una décima de segundo' (1984); 'Dibujos animados' (1985) y 'El momento' (1987).
Poco después, Vega dio comienzo a su carrera en solitario. Con su estilo intimista, con canciones que él llamaba "poemas adaptados a la música" y con las que tuvo muchos altibajos comerciales.

martes, 19 de mayo de 2009

Gracias Mario!



Hoy parte a su última morada el escritor Mario Benedetti. Desde aquí Mario, quiero darte las gracias por permitirnos conocerte, nos dejas tus obras y la tarea de seguir luchando por otro mundo, que es posible.

Hace algunos años Víctor Merino, músico y amigo de Benedetti musicalizó los poemas de Mario, que fueron interpretados por artístas nacionales y extranjeros. Algunos de los temas: Papel Mojado y Te Quiero en las voces de Tania Libertad y Joan Manuel Serrat.

lunes, 18 de mayo de 2009

El poeta del compromiso

JUAN CRUZ - Madrid - 17/05/2009
Murió Mario Benedetti. El poeta resistente, que vivió el exilio y la enfermedad (un asma pertinaz, obsesiva) le fueron rompiendo, pero él se
mantuvo siempre "en defensa de la alegría". Finalmente, una agonía causada
por un fallo intestinal, que hizo deprimentes sus últimos días, le rompieron
del todo, y murió ayer a los 88 años, en su tierra, Montevideo. Nació en Paso de los Toros, pero esta urbe que parece un microcosmos literario fue el lugar al que volvió siempre, de todos los exilios. Era al final (y esta expresión la acuñó él) un *desexiliado*. Pero su alma sufrió las heridas de todos los exilios.

Su muerte se produjo semanas después de su última hospitalización por fallos multiorgánicos que al final le cegaron el humor y la vida; pero había empezado a morir mucho antes; hace tres años falleció su mujer, Luz, con la que vivió toda la vida, en la libertad y en el destierro; él creyó siempre que la enfermedad de Luz, que se olvidaba de apagar las luces de la casa, en
Madrid, era una simple distracción, e incluso le compró artilugios con los que dominar las consecuencias de su sordera. El poeta del compromiso, del amor y de la alegría, sintió luego que, en efecto, esas ausencias eran debidas a un alzheimer que inundó la casa de desolación y de huida.

Se fue con ella, de nuevo, a Montevideo, y allí la cuidó hasta que finalmente le dejó del todo. Y le dejó malherido. Benedetti tuvo algunos momentos de alegría después, como cuando Hortensia Campanella, su biógrafa última, le entregó el manuscrito en el que se condensa la vida entera del
escritor que nos ha dejado. Él ironizó ante tanto papel, y delante de Ariel, su fiel ayudante, dijo: "¿Tanto he hecho?"

Pero su alma estaba herida; seguía escribiendo, poemas, haikus, animado por su editor de poemas, Chus Visor; tenía la casa llena de literatura; en un tiempo él fue política, enteramente, sus poemas estaban al servicio de la rabia que le produjeron las dictaduras del sur, la suya, la uruguaya, que le persiguió a muerte, y la argentina, que fue cómplice de aquella y también
quiso matarle. Mató a un amigo suyo, el líder político Zelmar Michelini, y esta muerte fue un símbolo de las muertes que hubo antes y después en la vida acosada de hombres como él. Luz fue su bastón. Y Palma y Cuba y Lima sus lugares de exilio; a los tres les guardó siempre gratitud; fue un gran defensor de la Cuba de Fidel, por eso mismo, pero jamás utilizó esa afinidad para discutir, en los últimos tiempos sobre todo, lo que en esa revolución que él quiso se fue torciendo.

Era un hombre cordial, enteramente, pero era un tímido absoluto. Los que le conocieron en España le recuerda, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid, puntilloso, anotando con palotes los libros que firmaba; y le recuerdan rechazando el pescado con espinas y en general las tonterías; era un conversador tranquilo; llegaba a los sitios con su maletita marrón
gastada, y dentro llevaba siempre poemas o cartas, en esos momentos en que cumplía compromisos parecía a la vez el escolar que fue y también el oficinista.

Su apariencia era la de un juez de paz, pero nunca hubo paz dentro de su alma, ni siquiera cuando se le vio feliz, con sus manos a la espalda, con su mirada desvaída por las lentillas, con su bigote largo e invariable a lo largo de una vida en la tantos se enamoraron al tiempo que recitaban sus
poemas o escuchaban las canciones que hicieron con sus versos su paisano Daniel Viglietti y el catalán Joan Manuel Serrat. Con Viglietti tiene una anécdota que se parece a algunas de las que le convertían también en un escolar huidizo al que le asustaba la fama, al tiempo que le agradaba que algunos, ante sus recitales multitudinarios, le dijeran que parecía una
estrella de *rock*.

Hubiera sido incapaz de cantar, pero un día se encontró con Viglietti en París, en un aeropuerto, y Daniel le dijo a Mario: "Estoy haciendo música para sus poemas". "Y yo estoy haciendo poemas". Entonces el poeta se quedó pensando, y añadió, riendo como reía, como para no molestar: "Tenemos que hacer algo con esta casualidad". De esa casualidad nacieron conciertos,
libros; eran como dos en la carretera; cuando vimos a Viglietti en Montevideo, en el entierro de Idea Vilariño, a mediados de abril, la gran amiga generacional de Mario, el cantante nos dijo: "Y lo de Mario. Estamos tan mal, y vamos aún a lo peor".

Se apaga la voz de su compañero, pero quedan la voz de las canciones.

Montevideo fue su último sitio, y fue casi el primero. Su largo recorrido por la vida conoció una interrupción terrible, cuando los médicos le detectaron tumores que aconsejaron operación, en el Hospital XII de Octubre de Madrid. Allí le atendió, entre otros, el doctor José Toledo, que le
conocía, y todo el mundo se desvivió por él como si no fuera tan solo un enfermo sino un padre, o un hermano, el hombre que había iluminado con sus versos (de amor, de política, de tierra, de aire) la vida de cualquiera. Un día, poseído por el dramatismo al que a veces lo llevó su pesimismo, el que también está en sus poemas, y en sus narraciones, Mario decidió abandonarse.
Como hubiera dicho Idea, que le precedió en la muerte, empezó a decir *para qué*. Detrás de esa decisión de no seguir hay algunos versos, como estos: "Me he ido quedando sin mis escogidos/ los me dieron vida/aliento/paso/ de soledad con su llamita tenue/ y el olfato para reconocer/ cuánta poesía era de madera/ y crecía en nosotros sin saberlo/ Me he quedado sin proust y sin vallejo/ sin quiroga ni onetti ni pessoa/ ni pavese ni walsh ni paco urondo/ sin eliseo diego sin alberti/ sin felisberto hernández sin neruda/ se fueron despacito en fila india".

En ese clima de desolación en el que lo pusieron la enfermedad y su porvenir Mario descuidó su aspecto, dejó de afeitarse, y alguien le dijo, una madrugada: "Así no puedes estar. Tú eres guapo, un hombre así parece enfermo. Ya no lo estás". Le bastó. Al día siguiente se rasuró del todo, se
puso de limpio, y cuando este amigo le visitó otra vez y se hizo el distraído sobre su nuevo aspecto, el viejo poeta revivido le llamó la atención y le dijo:
-¿No te has fijado que hoy sí me afeité?
Era un hombre insobornable, el más comprometido de su tiempo. Su muerte deja en silencio mustio su época, su ejemplo y la raíz de sus versos. Pero los muchos que le cantan no lo dejarán, como él decía del verdadero amor, en lo oscuro.
© EDICIONES EL PAÍS S.L.

martes, 3 de marzo de 2009

Coloreando la esperanza

Luiba María Hevia

Donde crecen la mañana,
el rocío y la paloma siempre estás,
donde el Sol clava su lanza
y el otoño no se alcanza siempre estás
coloreando la esperanza,
coloreando la esperanza con la tierra,
con la tierra.

Donde crecen la mañana,
el rocío y la paloma siempre estás,
donde el Sol clava su lanza
y el otoño no se alcanza siempre estás

Donde la décima asalta
el centro de la jornada siempre estás.
Donde el río hace una orquesta
y el grillo canta su fiesta siempre estás,
coloreando la esperanza,
coloreando la esperanza con la tierra,
con la tierra.

Donde la décima asalta
el centro de la jornada siempre estás.
Donde el río hace una orquesta
y el grillo canta su fiesta siempre estás,
Eres tú guardián del Solmisionero del amor.

Donde el Sol clava su lanza
y el otoño no se alcanza siempre estás,
coloreando la esperanza,
coloreando la esperanza con la tierra,
con la tierra.

Pa´ lante

Hoy es un día gris, será que el clima se ha contagiado de mi ánimo. Para amilanar la tristeza escucho a Luiba María Hevia.

Si mi canción te regresara
Si mi canción te regresara,
sería feliz y el universo
encontrarías aquí.

Si mi canción te regresara,
pero olvidaras mi nombre,
sería feliz aquí.

Vuélveme a inventar la felicidad
tocando estrellas con tu corazón,
que aquí te aguardan la ciudad y el sol,
alivia el cielo.

Ven a desmentir esta realidad
aunque yo pague el precio de olvidar,
aunque te libre de mi mal de amor,
alivia el cielo.

Si mi canción te regresara,
un rito al amor cada mañana
encontrarías aquí.

Si mi canción te regresara
y no me amaras, entonces,
sería feliz aquí.

Vuélveme a inventar la felicidad
tocando estrellas con tu corazón,
que aquí te aguardan la ciudad y el sol,
alivia el cielo.

Ven a desmentir esta realidad
aunque yo pague el precio de olvidar,
aunque te libre de mi mal de amor,
alivia el cielo.
Para escucharla haz click