martes, 1 de mayo de 2012

Joaquín y su sueño...


Dedicado a las personas que nos animan y nos ayudan a hacer realidad nuestro sueños. Martín Hunter

Joaquín abraza su libro favorito de cuarto grado. Siempre lo abraza en la tarde, con la puesta del sol. Entra a su casa iluminada con la llamita de una vela de cera. Justo llega de traer agua del pozo en un balde, para el mate y para el lavado de las cosas de la cocina mas tarde.

Vive en una casa humilde en pleno campo con su hermanita y sus padres. La casa es triste porque tanto por dentro como por fuera todo es gris. Por eso, todos los días abraza su libro favorito, lleno de colores alegres, y queriendo llevar los colores por cada rincón de la casa.

Después de la cena de leche de cabra, se acuesta para dormir. Pronto entra en sueño. Es una noche de luna llena que brilla sobre todo el campo, volcando las grandes sombras de los árboles sobre el camino hacia el pozo. Una voz en su interior le dice: "hay que buscar agua".

Joaquín se levanta, y guiado por la luz de la luna camina hacia afuera con el balde en la mano...llega al pozo y baja el balde hasta llenarlo con agua. La luna brilla sobre el agua que ahora parece como un espejo en  el que Joaquín mira reflejada su carita semi-dormida.

Al llegar a la puerta se da cuenta que el agua ha cambiado, ahora es de color azul...¡¡Es pintura!!...y con una pinceleta que hizo con ramas comienza a pintar su habitación. Termina la cuarta pared y ve que el balde esta vacío y limpio. Y la voz interior le dice: "hay que buscar agua".

Sale bajo la hermosa luz de la luna llena. Echa el balde en el pozo hasta que se llena con agua cristalina. En camino hacia la casa la luna brilla sobre el agua y por un momento Joaquín nota el reflejo de las estrellas también.
Llegando a la puerta de la casa el agua había cambiado, nuevamente de color,...esta vez rosada.

Con la pinceleta de ramas entra en la habitación de su hermanita dormida y en silencio colorea la pequeña pieza de su hermana Clarisa.
Al finalizar la ultima pared no queda ni una gota de pintura. 
¡El balde esta limpio!
Y la voz interior le dice: "hay que buscar agua".

Y sale una vez más en búsqueda de agua. No hay nada de cansancio y la noche no parece larga. Pasando los grandes árboles con sus oscuras sombras llega Joaquín, por tercera vez al pozo. Baja el balde hasta que se llena con agua cristalina. En camino hacia la casa, las estrellas y la luna juegan sobre la superficie del agua.

Joaquín entra en la casa con el balde lleno de pintura color verde claro. De puntillas comienza a darle color a las paredes de la pieza de sus padres, mientras ellos roncan en ritmo lento.
Joaquín termina la cuarta pared y descubre, una vez mas... que no queda más pintura del verde claro.
Y la voz interior le dice: "hay que buscar agua".

Siguen brillando las estrellas alrededor de la luna bella. Los árboles guardan el silencio nochero, mientras Joaquín baja el balde hasta que se llena de agua cristalina.
La superficie del agua espera la llegada de las estrellas y la madre luna para que hagan su baile.

Entrando en la cocina, Joaquín se sorprende al encontrar su balde lleno de pintura de color amarillo pollito. Y sin demora comienza a pintar las paredes de la cocina.
¡Y si! Al terminar su tarea nocturna, levanta su balde vacío y limpio.
Y la vocecita le dice: "hay que buscar agua".

Y sin sentir nada de cansancio en sus brazos, ni en sus piernas, Joaquín pasa los árboles, ahora sus amigos nocheros, y llegando al pozo echa el balde hasta que se llena de agua cristalina.
La luna y las estrellas volvieron a bailar sobre la superficie y poco a poco el agua se cambia hacia el color blanco puro...
Joaquín sabe bien el por qué y comienza a pintar las paredes exteriores de su humilde casa.

Al terminar la voz interior le dice: “es tiempo de volver a la cama”.
Con una sonrisa mira los árboles que le responden con un suave sacudir de sus ramas.
Levanta los ojos hacia la bella luna, con sus niñas estrellas y todas le dan un centellear de alegría.

Apenas Joaquín está en su cama el sol se levanta y entra en cada habitación, despertando a Clarisa y a sus padres.
Todos quedan asombrados y llenos de alegría al ver su casa tan bonita.

Clarisa entra a la habitación de Joaquín y le da un cariñoso abrazo diciendo: “¡Levántate, Joaquín, levántate es hora de ir a la escuela!”
Joaquín se despierta. Al abrir sus ojos vio las paredes grises de su habitación...y...se le cae de la mano el libro favorito de cuarto grado.
En camino hacia la escuela, Joaquín le dice en confianza a su hermanita: "Cuando sea grande voy a ser pintor".
“¿Pintor?” exclama Clarisa.
"¡Y sí, tengo un sueño!”.

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